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ROSSY DE PALMA: "EL SER HUMANO ESTÁ CUBIERTO DE CAPAS Y CAPAS DE RESIDUOS TÓXICOS"

A.Algezares

A Rossy de Palma (Palma de Mallorca, 1964) la conocemos, sobre todo, por sus papeles en las películas de Pedro Almodovar o Alex de la Iglesia, así como por sus apariciones televisivas. Sin embargo es un error verla sólo como una actriz: ante todo es mujer combativa, artista y una lengua de la que a menudo salen opiniones tan ácidas que resulta impensable que algún día pudiera crecerle pelo.

Nuestra española más internacional –no porque haya actuado en producciones de medio mundo, sino porque como ella misma dice es afronteriza- presenta este viernes Improntus en compañía de la coreógrafa Isabel Lavella y el pianista David Espinosa. Una co-producción del Ayuntamiento de Murcia junto a TNT-CAET (Ayuntamiento de Terrassa) y Conexión Cultura cuyo contenido ha querido mantener como una sorpresa pero de la que podemos adivinar que tendrá performance y muchos residuos plásticos.


Vienes a presentar 'Improntus', un espectáculo que has creado con Isabel Lavella y David Espinosa. Por lo que podemos adivinar es performativo y sorprendete. ¿Nos cuentas algo más?

Gracias a la residencia artística que hemos podido disfrutar con el Ayuntamiento de Murcia, tenía ganas de indagar y experimentar, dejando una puerta abierta a la actualidad.

El cambio climático, las corrupciones, las guerras pasadas y las que vienen, toda esta tensión y el vil metal, que tiene más poder que nunca… Todo eso tiene mucho que ver con Improntus.

Además, me encanta lo que hacen algunos artistas africanos, que reciclan residuos y le dan una nueva vida: a la vez que se convierten en piezas de arte, dándole sentido a toda esta podredumbre que nos rodea, hacen una crítica de todo este despilfarro de recursos.

El plástico es muy importante para Improntus, porque es su crítica: todo lo que se fabrica con plástico viene del petróleo. Ese oro negro que las compañías petrolíferas sacan de la tierra para enriquecerse y que por algo estaría allí. Alguna función tendrá ese petróleo en la tierra. Quizás es la sangre de la tierra y el ser humano, que es muy necio y no se cura, puede verse como un vampiro para la tierra. ¡No somos dueños del mundo como para utilizarlo así!.

¿Qué hay de improvisación en el espectáculo?

Hay menos de lo que podría parecer. Sobre todo hemos improvisado a la hora de la creación, jugando con las sinergias entre Isabel, David y yo y creando algo que esté de acuerdo con las ideas de los tres.

Sin embargo, Improntus comenzó a hacerse con Carles Santos, pero ahora que lo hemos adaptado hemos reciclado el "residuo" que Carles nos ha dejado.

La idea del impronto nos permite jugar con el concepto del pronto -o del arrebato-, lo que nos permite tener piezas independientes unas de otras, incluso con tintes surrealistas. Algo como "me ha dado un repente", un impronto artístico que nos permite pasar sin transición a otro impronto.

Se juega con la idea del residuo moral, hortera, musical, de la memoria. Todos somos un compendio de residuos. Por mucho que nos intentemos desintoxicar, estamos llenos de capas y capas de residuos.

Presentas el espectáculo en Algezares, en un auditorio municipal de Murcia: ¿qué papel tiene la periferia en el mundo del teatro?

A mi me encanta lo periférico, porque en la periferia puedes osar, hacer cosas que en otro sitio no te lo permitirían. La periferia también tiene derecho a que exista, a que ocurran cosas en ella. Además, tal y como está la cosa ahora mismo quizás merece más la pena estar en la periferia que en el centro de la cuestión. Porque el centro de la cuestión está más corrompidillo.

Quizás la periferia sea más pobre, pero sin duda es más libre. La idea de lo suburbial, del extrarradio, es más interesante que lo que ya está protegido o instalado en el confort, que es un enemigo de la creatividad.

En breve vamos a Turín con este espectáculo, a un cine-teatro llamado Baretti que está en un barrio que antiguamente era marginal y ahora comienza a ser bohemio. Es este caso el Ayuntamiento de Turín apoya el teatro, pero son los propios socios los que luchan porque sigan produciéndose espectáculos. Estamos muy contentos de saltar de Algezares a Turín.

Pasas parte de tu vida en París, ¿qué tiene la cultura francesa que echas de menos en la española?

Me considero afronteriza, no creo en las fronteras. Mi padre me dijo de pequeña que yo era mundial y me lo creí. Nunca he funcionado con estos parámetros: cuando me preguntan qué opino del cine Europeo no sé qué decir.

No soy francesa, pero me considero francófona porque es una lengua que une muchos lugares que no tienen pro qué estar en territorio francés.

Acabo de hacer una película que se estrena en primavera con el director argelino Mehdi Charef, que dirigió El té en el harém de Arquímedes. Es el único director en mi vida al que he escrito una carta de admiración diciéndole que quería trabajar con él. Nunca me contestó, pero 25 años después me ha escrito un guión en el que soy protagonista.

He rodado esta película dramática, Graciela, en la que interpreto a un personaje de suburbio, uno de esos paumés -que son los perdedores, los invisibles, lo que nosotros conocemos como loser-. Es una historia preciosa y espero que nos la cojan en el Festival de Cannes.

En tu blog explicas que eres una apasionada de la fotógrafa estadounidense Francesca Woodman, probablemente quien mejor ha reflejado la complejidad de lo femenino. ¿Qué tal se te da ser mujer últimamente?

Francesca Woodman es una fotógrafa fantástica, con una obra tremenda que refleja la fragilidad y la dureza de la mujer y que se suicidó siendo demasiado joven.

Yo soy una mujer que siempre he sido muy activista: me llevo bien con las mujeres, soy muy corporativista. Siempre he pensado que debemos dejar un legado para la posteridad. Y, bueno, el legado que nos han dejado con lo de Gallardón… en fin, que un hombre decida sobre estos temas es una involución.

La obra de Woodman me interesa muchísimo porque refleja tanto la fuerza como la fragilidad de la mujer. También refleja lo duro que es a veces ser mujer. Por ese mismo motivo me interesa también la obra de Ana Mendieta.

El monólogo Mater & Bellum, que interpreté en Murcia en 2010, estaba dedicado a todas las mujeres árabes a las que nadie les pregunta nada, que tienen que ir con un velo o que tienen un hijo que se van a convertir en mártires. La mujer, siendo tan importante en la vida, todavía se ve relegada a un segundo plano. La mujer tiene que aprender sin ser el espejo del hombre, sino de ella misma.

Es un tema que me apasiona, y siempre he comulgado más con artistas mujeres. Mi amistad con Marina Abramovic ha sido también muy interesante, aunque muchas veces no por mucho que crezcas como artista lo haces como mujer. A veces tienes esos residuos machistoides, como la necesidad de que un hombre te ame.

Existen tiranías que me ponen rabiosa, como la exigencia de la belleza de la mujer por parte de hombres feísimos, nada agradables. No puedo con este pacomartinezsorianismo: a los hombres le interesan las mujeres bellas y tontas, que es una manera de apropiarse y de poseer a la mujer como un objeto. De todos modos, a veces este tipo de hombres reciben también su merecido, porque muchas veces este tipo de mujeres están con ellos por el interés material.

Hablemos de tecnología. Eres muy activa tanto en Twitter como en Facebook o Instagram. ¿Qué te aporta el uso de los medios sociales?

No paso tanto tiempo en medios sociales como puede parecer: ahora uso Instagram, que lo derivo a Twitter y de ahí a Facebook. Sigo a mucha gente, tanta que a veces no me da tiempo a enterarme de lo que dicen. Por eso me gusta lo accidental, me pierdo mucho, pero aprecio lo que me encuentro cuando me conecto.

Sin embargo, Twitter me aporta algo fantástico: la libertad de conocer a alguien sin intermediarios. A la hora de bloquear a alguien que está diciendo improperios, que son las menos veces, no tengo ningún problema. Mi amiga Carmen Lomana es todo lo contrario, discute con todo el mundo, pero yo no estoy ahí para insultos ni cosas malas. No va conmigo.

Yo estoy en los medios sociales para disfrutar, para difundir noticias. Ayer mismo retuiteé un pequeño documental que ha hecho Mabel Lozano sobre la trata de blancas: para difundir ideas es un instrumento genial. Como cuando echaron a Pedro J .Ramírez de El Mundo, que contó su versión en Twitter sin intermediarios.

Carlos Albaladejo